El clima vuelve a ser un factor determinante en este febrero de 2026 para Marcos Juárez y el sudeste cordobés, luego de un enero marcado por precipitaciones escasas y muy desparejas. La situación genera preocupación en el sector productivo y mantiene la expectativa puesta en los próximos pronósticos, según coincidieron el Licenciado Mario Navarro y el ingeniero agrónomo Jorge D’Allesandro, en diálogo con el equipo de la Red Panorama.
Navarro explicó que la región comienza a transitar un período con mayor inestabilidad atmosférica, aunque con lluvias de intensidad moderada. “Febrero va a ser más lluvioso que enero, pero no de manera homogénea”, advirtió, al detallar que los acumulados oscilarán mayormente entre los 20 y 40 milímetros. De manera indirecta, sostuvo que las precipitaciones se darán de forma escalonada y con marcada variabilidad territorial.

El especialista señaló además que los eventos de lluvia no siempre coincidirán con las zonas más afectadas por el déficit hídrico. “No siempre llueve donde más se necesita”, remarcó Navarro, al indicar que mientras algunos sectores del oeste y norte provincial recibieron aportes importantes, otras áreas del sudeste cordobés continúan con reservas de humedad muy comprometidas.
En ese contexto, el meteorólogo adelantó que la segunda quincena de febrero podría mostrar un comportamiento algo más favorable. Según su análisis, se esperan lluvias semanales que, sin ser abundantes, podrían aportar alivio parcial. “No hablamos de grandes milimetrajes, pero sí de una mayor frecuencia”, explicó, marcando una diferencia respecto del escenario registrado durante enero.
Desde el plano productivo, el ingeniero Jorge D’Allesandro advirtió que la falta de agua ya dejó secuelas visibles en los cultivos de verano. En el caso del maíz de primera, explicó que el ciclo se encuentra prácticamente definido y estimó pérdidas de entre un 10 y un 15 por ciento respecto de las expectativas iniciales. “No va a ser una campaña mala, pero tampoco será la espectacular que se proyectaba a fin de año”, afirmó.

El técnico detalló que las altas temperaturas y la ausencia de precipitaciones aceleraron el secado de las plantas, acortando el período de llenado de grano. De manera directa, sostuvo que ese proceso “le quitó peso al grano”, lo que impactará de forma directa en el rendimiento final, aunque con una marcada variabilidad entre lotes según suelo, fecha de siembra e híbrido utilizado.
En cuanto a la soja, D’Allesandro remarcó que el cultivo aún atraviesa una etapa decisiva. “En soja todavía estamos a tiempo, pero la demora en la lluvia se paga día a día”, señaló, al advertir que la continuidad de la sequía podría provocar aborto de chauchas y mayores pérdidas, especialmente en el norte del departamento Marcos Juárez y en zonas de menor calidad de suelo.
No obstante, el ingeniero sostuvo que una mejora en las precipitaciones permitiría revertir parte del escenario actual. De manera indirecta, explicó que tanto la soja de primera como la de segunda conservan “margen de recuperación” si se registran lluvias en el corto plazo, mientras que cultivos como el girasol muestran “mejores perspectivas” y rindes “más estables”.

Ambos especialistas coincidieron en que el comportamiento del clima durante las próximas semanas será determinante para definir el resultado final de la campaña agrícola en la región.














