En la Argentina, la mayoría de las cosas se hacen mal y algunas pocas muy bien. Errores tiene todo el mundo, pero los nuestros son muy especiales, empezamos casi todo de manera por demás exitosa, la cuarentena parecía lo mejor del mundo (86% de aceptación), hoy está prohibido decir la palabra .
En seis (6) meses nos dimos cuenta que la etapa de adecuación sanitaria (camas – respiradores) se hizo para el AMBA, pero mientras tanto se mantuvo cautivo en sus hogares a todo el país. Hoy sin demasiada algarabía mejora un poco el AMBA, pero el interín no se conoció un solo pedido de mejora de ningún político del país olvidado (lease interior), ninguno se bajó el sueldo, algunos llamaron «comandante» al presidente y todos quisieron participar del éxito inicial.

Hoy la realidad les pega en la cara a todos los dirigentes nacionales, provinciales, municipales, nadie se hace cargo, no aparece uno solo de ellos proponiendo algo que «cure», solamente un grupo abnegado de médicos provincianos que promueve con «urgencia» la prueba de IVERMECTINA.
Los dirigentes están escondidos y hacen ZOOM mientras la gente se infecta y demasiados se mueren, nadie advirtió que el virus como dijo Nelson Castro entraba en avión por Ezeiza dejando para el ultimo al sector que hoy lo padece.
Sin embargo a la hora de quitarnos la libertad con el confinamiento fuimos incluidos primeros y en Marcos Juárez el caso inicial apareció el 9 de Julio del 2020 (3 meses y pico después), todo ese tiempo hubo ciudadanos honestos presos, gente perseguida, funcionarios que se parecían a las SS y lo peor nadie podía producir, salvo los chacareros para que arrimen dolares y salvar a los políticos de turno.
Final, hoy que deberíamos medianamente resguardarnos por lo violento del brote, nadie puede quedarse, es imposible pararlos, siete (7) meses es mucho tiempo y la gente se rebela, en síntesis hicimos todo a la inversa.
Algo para rescatar: El Hospital y las clínicas locales acordaron aliviar a los enfermos con IBUPROFENO INHALADO, un medicamento provinciano que alivia el dolor.
EDITORIAL: Nelvio Barovero















